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El amesetamiento de la demanda china de soja obliga a pensar en alternativas para evitar una licuación de precios causada por una sobreoferta global

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El gobierno chino continúa haciendo grandes esfuerzos para morigerar la enorme dependencia de soja importada, la cual proviene mayormente de Brasil y, en menor de medida, de EE.UU. y Argentina.

La oficina del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) en Pekín acaba de publicar un informe en el cual estima que la importación de poroto de soja por parte de China en 2024/25 sería de 103 millones de toneladas, una cifra mucho más baja que la presente en el último informe oficial del organismo (109 millones). Se trata de una cifra equivalente a la registrada en el ciclo 2023/24 e inferior a la de la campaña 2022/23.

A pesar del descenso del precio interno de la harina de soja, el gobierno central chino sigue promoviendo fuentes alternativas de harinas proteicas como insumo base para la alimentación animal, como es el caso de la harina de colza o pellets de girasol provenientes de Canadá, Ucrania o Rusia, entre otros orígenes.

Para 2024/25 la oficina del USDA en Pekín estima importaciones de semillas de colza por 4,0 millones de toneladas, mientras que las de harina de colza sumarían 2,50 millones y los pellets de girasol otros 3,0 millones.

El informe del USDA señala que el gobierno central inició en marzo pasado las tradicionales subastas públicas de soja importada a precios rebajados para mantener a raya los precios internos del producto.

“Según fuentes de la industria aceitera, aproximadamente 7,2 millones de toneladas de soja se ofrecieron en quince subastas al 21 de junio; sin embargo, sólo se vendieron alrededor de 1,2 millones de toneladas. La tasa de compra de alrededor del 16% refleja una débil demanda del sector oleaginoso a pesar de que el precio de venta sigue siendo bajo”, remarca el informe.

La contrapartida de ese escaso interés es un sector porcino –gran consumidor de harina de soja– que sigue mostrando márgenes de utilidad nulos a negativos, lo que indica que la economía china no está pasando por su mejor momento.

El crecimiento de la oferta global de soja en un contexto en el cual el principal factor de demanda nutricional se encuentra comprometido –tanto por factores económicos como geopolíticos– obliga a diseñar alternativas, como sucede con el sector bioenergético promovido por el gobierno de EE.UU. en lo que respecta a producción de biodiésel hidrotratado (HVO).

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