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“Entre la complacencia y la mediocridad”

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Dentro de las acepciones de la palabra “política” podemos citar: “La virtud o voluntad que posee un individuo para relacionarse socialmente en busca del bien común”. Según los antiguos griegos representaba: “El ordenamiento de la ciudad y de ciudadanos, quienes mediante su ética y moral ocupaban dicha actividad en virtud de la cual, una sociedad libre compuesta por hombres y mujeres libres resuelve “civilizadamente” los problemas que les acarrea la convivencia”.

Siguiendo esta definición deberíamos aceptar a la política como el ejercicio del poder en búsqueda de un bien trascendente. Ante una realidad que indigna como ciudadanos desde lo conceptual, vemos cómo forzadamente caemos repetidamente en nuevas frustraciones. Intentando comprenderla hasta lograr aceptarla como una especie de dominación, en lugar de ser el arte de la integración. Situación que a todas luces hoy, incluyendo algunos lamentables actores se impone mediáticamente, prevaleciendo la utilización de los medios de comunicación. Logrando mantener al público entre “la complacencia y la mediocridad” profundizando el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Técnica antiguamente clásica utilizada para causar un corto circuito racional, y finalmente encauzar el sentido crítico de los individuos. Medios que según Noam Chomsky en lugar de la distribución del conocimiento no trepidan en promover la “Inducción de la ignorancia” mediante la denominada “Estrategia de la distracción”. Registro emocional que les permite abrir el acceso al inconsciente popular para implantar o injertar ideas, deseos, miedos, odios, compulsiones, o inducir comportamientos. Esta estrategia denominada técnicamente “arma silenciosa para una guerra tranquila” no deja de ser una cruel guerra. Con todas las consecuencias trágicas que supone un conflicto bélico. Transformado hoy en agresivos combates dialécticos, o imágenes vergonzantes, con similar poder de fuego.

Norberto Daniel Ivaldi / [email protected]

OTRAS CARTAS

Soluciones… antes de que sea demasiado tarde

El pueblo argentino está presenciando una cruenta lucha entre los precios y los salarios. La inflación siempre es la devoradora de los salarios por la pérdida que ocasiona en el poder adquisitivo de los recursos monetarios de la gente. En los períodos de inflación las grandes empresas y los supermercados aumentan automática y secuencialmente los precios de los bienes que producen y comercializan más allá de los niveles racionales y la cobertura desmedida del riesgo eventual ocasiona que el incremento de los precios deviene anticipadamente y en exceso a los efectivos índices inflacionarios contingentes. Los hechos demuestran en la realidad que por esa circunstancia no quiebra ninguna importante cadena empresarial, productora o proveedora de alimentos o de medicamentos o de servicios de medicina, en razón de que el pueblo se ve obligado a pagar los precios que se les imponen para poder subsistir y mantener su salud.

Argentina es un país perverso y siniestro y la mayoría de su ciudadanía parecería actuar masoquistamente al momento de elegir a sus gobernantes. Los resultados confirman esta aseveración. La transferencia patrimonial que produce la inflación es letal y los más perjudicados son los que menos recursos tienen. En este contexto, los jubilados, triste y desidiosamente, son de los más castigados por lo que su calamitosa situación exige una urgentísima solución a su problema económico a fin de evitar que se produzca la extinción de la clase pasiva. El Gobierno nacional y los legisladores son responsables de solucionarlo, antes de que sea demasiado tarde.

Oscar Edgardo García / [email protected]

“Secretarías, ya no; sólo órganos reguladores”

Asombra que, después de haber analizado 360 leyes, el gobierno de Milei no siga podando al paquidérmico organigrama del Estado, siendo algo ya legislado en la Reforma del Estado de 1989. Por qué se siguen nombrando secretarios, manteniendo frondosas secretarías, subsecretarías, direcciones, edificios, etc. en áreas técnicas donde, según el Decreto de Modernización de Menem, solo deben existir órganos reguladores dirigidos por directorios integrados por expertos. Esta costosa burocracia adicional es contraria a las racionalizaciones prometidas por Milei y sería solo aceptable si, en plazos perentorios, los nuevos secretarios se comprometen a eliminar “sus” inútiles secretarías reemplazándolas por los órganos reguladores ya existentes.

En la mayoría de los países adelantados, teniendo estos órganos para manejar sus áreas, en ellas no tienen ministerios ni secretarias (salvo contadas excepciones).

Roberto C. Door / [email protected]

El juicio por YPF y la mayor inflación en 30 años

“Que Dios y la Patria me lo demanden”. No sé si Dios lo hará, pero sí debería de hacerlo la Patria y el pueblo “todo” argentino. Han cometido perjurio y nadie les reclama nada. Nadie se hace cargo, nadie paga nada. Esa frase tan repetida y, muy poco respetada por los funcionarios públicos, es un símbolo de la máxima expresión de lealtad, fidelidad, heroísmo, valentía, honestidad, entrega y compromiso hacia el pueblo y la Patria.

Urge reclamarles por su ineficiencia, incumplimiento de palabras, actos aberrantes de enriquecimiento ilícito, endeudamientos y operaciones en perjuicio de la Argentina, tal el caso del juicio por YPF. A los funcionarios públicos les confiamos la conducción del país, les pagamos el sueldo; sin embargo, se hacen millonarios y nosotros, cada vez más pobres. Hacen mal su trabajo, no tienen moral, incumplen promesas de campaña, utilizan los fondos públicos en beneficio propio. Y, al término de su mandato, dejan una Argentina arrasada, con el vergonzoso título del país con mayor inflación en Latinoamérica. La mayor en 30 años.

Esa irresponsabilidad, en algunos casos, adrede hacia los futuros gobernantes, tiene que tener su juicio, apartamiento o pérdida del status de funcionario público, con resarcimiento económico por su impericia. De no ser así, deberían de quitar el acto de juramentación; total… a nadie le importa nada.

Omar Achea / [email protected]

El paro de la CGT

Este paro tiene dos motivos fundamentales: protestar al Gobierno por la posibilidad -DNU mediante- de perder su poder político y su manejo de las cajas, y endilgarle el descalabro económico, moral y la decadencia social que lleva varias décadas. De tal crisis, la CGT es partícipe necesario y responsable, más como un seudo partido político que como defensora del pueblo trabajador. Está en el pueblo entender quiénes son responsables de la decadencia argentina y no esperar a la justicia divina. Que la patria los demande, nosotros somos la patria.

Dr. Jose Mario Lenczner / [email protected]