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Expectativa en Wall Street por Caputo, mientras los bancos festejan la baja de Ocampo ante el temor de licuación de Leliqs

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¿Cuál es el significado de la de la movida del equipo económico, con la bajada de Emilio Ocampo como presidente del Banco Central y la probable designación de Luis “Toto” Caputo como ministro de Economía? La primera conclusión del mercado financiero es que Javier Milei decidió posponer su proyecto de dolarización y pondrá todo el esfuerzo de la primera etapa del gobierno de Javier Milei será el rescate de la “bola de Leliqs”.

Es, además, una señal política: lo que se había sospechado luego del “pacto de Acassuso” con Mauricio Macri se está verificando en la realidad. Es decir, el arranque de la gestión de Milei no tendrá, al menos en el aspecto monetario/cambiario, la tónica dolarizadora y pondrá el foco en resolver primero otros problemas que habían señalado los economistas más cercanos a Macri.

El alejamiento de Ocampo deja en evidencia la frustración por el hecho de que el planteo dolarizador pasó a un segundo plano.

Lo cierto es que Milei ya había alertado, el día siguiente a su elección, que su principal temor era evitar un estallido hiperinflacionario, y que vinculaba directamente ese tema con la resolución de los pasivos del BCRA, entre los cuales las Leliqs son la mayor parte. Por eso había condicionado la liberación del cepo cambiario a que, previamente, se llegara a una solución para sanear el balance del Central.

Aunque no abundó en detalles, Milei aclaró dos cosas: la primera es que no habría nada parecido a una licuación ni a un Plan Bonex -el recordado canje compulsivo de plazos fijos por bonos que se hizo al inicio de la gestión menemista-; y en segundo lugar que se buscaría una “solución de mercado”.

Esto implicaba encontrar una fórmula para que los inversores del exterior vieran un instrumento atractivo para poner el dinero que permitiera el rescate de las Leliqs. Luego, dijo que la decisión de Ocampo sobre asumir en el Central dependería de su flexibilidad para adoptar un esquema de dolarización diferente al que él había concebido originalmente.

En definitiva, Milei ya no cree que sea factible rescatar las Leliqs mediante la conformación de un fondo fiduciario en el que el activo sean los bonos dolarizados que están en poder del Central y el sector público, y que según la predicción de Ocampo deberían subir rápidamente su cotización de mercado.

Más bien, piensa que hay que conseguir dólares contantes y sonantes, y que conseguirlos es una misión para alguien que conozca Wall Street como a su propio barrio, alguien que haya trabajado toda su vida como “trader” de bonos y que sepa exactamente qué es lo que se le puede ofrecer a los grandes fondos de inversión. En definitiva, alguien como Luis “Toto” Caputo, a quien en sigilo ya se le había asignado la misión de sondear los mercados para ver con qué recursos se podría contar.

Milei ya no cree que sea factible rescatar las Leliqs mediante la conformación de un fondo fiduciario

Caputo y una bienvenida fría

El nuevo ministro Caputo no es un hombre que concite unanimidades ni al que le lluevan elogios dentro del gremio de los economistas. Más bien al contrario, suele recoger más críticas que palabras amables.

Muchos lo califican, con indisimulado sentido despectivo, como “un timbero” de las finanzas, sin la comprensión suficiente de la macroeconomía. Otros recuerdan como un paso en falso su gestión como ministro de Finanzas y, luego, como presidente del Banco Central durante la gestión macrista. Aquella fue una gestión polémica: Macri lo calificaba como “el Messi de las finanzas” pero muchos recuerdan que en su breve paso por el BCRA se perdieron u$s15.000 millones de las reservas en un intento de pulseada con el mercado financiero.

Las primeras reacciones de economistas de renombre -incluyendo a varios cercanos al Presidente electo- fue de innegable escepticismo.

El economista Roberto Cachanosky -un liberal que mantiene un enfrentamiento personal con Milei- criticó el nombramiento, porque da la señal de que el Banco Central “sigue siendo una repartición del Ejecutivo con cero independencia”. Su argumento es que si la preocupación prioritaria de Milei es solucionar el tema de las Leliqs, entonces el lugar natural de Caputo debería ser la presidencia del BCRA, dado que esas letras de liquidez son una deuda de la entidad emisora, y que por lo tanto se debería desarmar allí y no desde el ministerio.

Y dejó en claro que no considera a Caputo a la altura del cargo: “Las reformas que requiere la economía argentina necesitan de un equipo económico que tenga en claro dónde bajar el gasto, qué reforma monetaria implementar, cómo avanzar en la baja de impuestos, reforma laboral, desregulación de la economía, etc. Esto quiere decir que exige de un economista que haya estudiado estos temas. No es un puesto para un operador del mercado financiero”.

Una de las opiniones que causó más ruido fue la de Guillermo Nielsen, uno de los que había sido mencionado como posible ministro, criticó la llegada de Caputo -a esa hora no estaba claro si iría al ministerio o al Banco Central- porque no contribuiría a bajar la incertidumbre. “Un timbero no puede ser un presidente del BC, el BC no está para eso”, castigó.

Algunas horas antes, Carlos Rodríguez, coordinador del equipo de asesores de Milei, había sido explícito: “Caputo es un hombre de la especulación financiera, no sirve para ser ministro, un ministro tiene que definir otras cosas”. Aunque tampoco demostró entusiasmo por la propuesta de Ocampo, a la que consideró como el cambio de una deuda (la del BCRA) por otra nueva (en cabeza del Tesoro).

Rodríguez era uno de los defensores de que las Leliqs no fueran canjeadas, sino que se iniciara un proceso gradual de rebaja de las tasas de interés, lo cual implicaría una licuación en términos reales.

Bancos temían la eliminación de la “bola” de $23 billones por la vía de la licuación devaluatoria o inflacionaria

Cambio de expectativa en los bancos

Lo cierto es que hay cierta confusión en el mercado, porque al mismo tiempo que se conocían estas noticias, los bancos habían decidido no renovar el vencimiento de $1,8 billón de Leliqs. Apenas mantuvieron un 10% de esa cifra, confirmando así que la baja renovación -apenas 40%- del pasado martes no había sido una casualidad.

Más bien al contrario, era la expresión de una inquietud por la eventual tentación por parte del nuevo Gobierno de eliminar esa “bola” de $23 billones por la vía de la licuación devaluatoria o inflacionaria. Por eso, los bancos llevaron parte de ese dinero a posiciones líquidas -como los pases pasivos, que a diferencia de las Leliqs no quedan inmovilizados 28 días sino que se pueden retirar en 24 horas- o compraron bonos del Tesoro.

Era una movida extraña, dado que tradicionalmente los bancos han considerado que era mucho mayor el riesgo del Tesoro -donde se podía llegar a “reperfilar” algún bono ante una situación de estrés financiero- que el del BCRA, que por definición es donde está el riesgo más bajo porque es donde está “la maquinita” para emitir los pesos.

(Nota en desarrollo)