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Jarvis Cocker pone el cuerpo al servicio del hechizante “bis” de Pulp

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Foto Fernando Gens
Foto: Fernando Gens

Jarvis Cocker dio en la noche del jueves la respuesta a la duda fluctuante que dejaba el título de la gira que trajo de regreso a Pulp a nuestro país, al demostrar durante el concierto ofrecido en el porteño Movistar Arena, que es capaz de entregar su cuerpo por completo al encantador puñado de canciones que forman parte de este gran bis encarado por la banda que brilló en pleno auge del brit-pop, durante gran parte de los ´90.

“Esto es lo que hacemos por un bis” es el nombre del tour que devolvió a Pulp a los escenarios bajo el planteo de un último acto, sin embargo quedaba la intriga en torno a qué se referiría al decir “esto”.

Pues fue notable en este maravilloso concierto en el reducto de Villa Crespo que se trataba de la hechizante performance del genio y figura de la banda, secundado por un elenco de músicos que maneja un ajustado pulso y una certera afectación sonora para su lucimiento.

El pop cancionero en la piel de un Cocker ubicado a mitad de camino entre un rockstar y un ampuloso crooner, exorcizó la noche porteña y dejó el aire cargado de sensualidad, melancolía y desenfrenadas ansias de baile.

Foto Fernando Gens
Foto: Fernando Gens

Con grageas del desparpajo de Serge Gainsburg, la agudeza en la observación de Leonard Cohen y la búsqueda performática de David Bowie; Cocker desbordó magnetismo y estremeció corazones desde un atrapante repertorio y su imagen del nerd más sensual.

Por momentos una literal banda sonora de la era disco; por otros, una afrodisíaca cadencia sonora en forma de canciones; y hasta con algunos coqueteos con el country y el folk; Pulp tomó distintos caminos que bajo su influjo condujeron a un pop cancionero, que se percibe sencillo pero está repleto de planos sonoros, intensos desarrollos y sagaces líricas.

Sosteniendo musicalmente al gran frontman están los históricos Candida Doyle en teclados, el baterista Nick Banks y el guitarrista Mark Webber; el terceto que permita que se mantenga la esencia del grupo. Sin embargo, resulta enriquecedor el aporte de la violinista y guitarrista Emma Smith; e insoslayable la labor del bajista Andrew McKinney, quien resucita el sonido original del recientemente fallecido Steve Mackey.

Y bajo el baile irresistible se sucedieron historias narradas con dramatismo por Cocker, quien hace una épica de la más insignificante acción cotidiana, realiza sardónicos análisis de personajes mundanos o se sumerge en las más inconfesables pulsiones.

Todo eso fue lo que Pulp ofreció como gran bis y cumplió así con la promesa lanzada desde un mensaje escrito en las pantallas, antes de ponerse en marcha el show, que afirmaba que iba a ser una noche que los presentes “recodarían durante el resto de sus vidas”.

“Están por presenciar el concierto 539 de Pulp”, decía la leyenda siguiente, con la misma certeza de que se trataría de un número que quedaría grabado en la cabeza de los fans argentinos.

Bastó apenas el arranque con “I Spy”, con su viaje desde la perturbadora apertura hacia la explosión bailable; y su continuidad con la voluptuosa “Disco 2000”, acompañada de una lluvia de serpentina: para introducir al tono que recorrería todo el concierto.

Foto Fernando Gens
Foto: Fernando Gens

Desde ese inicio, a las 21 en punto, hasta el final, alrededor de una hora y 45 minutos después, Cocker se cargó en el cuerpo el concierto y mostró una entrega absoluta en cada una de sus interpretaciones.

Sin ceder en intensidad, a pesar de algunos pasajes de tempos más tranquilos, la banda hizo un abarcador repaso por distintos discos, con una abrumadora supremacía en composiciones de “Different Class”, su álbum más exitoso.

Así fue pasando de “Joyriders”, canción de “His `n´ Hers”, su primera producción con buena repercusión; a “Something Changed”, con especial dedicatoria a Mackey; la sugerente “Pink Glove” o la más bucólica “Weeds”.

El ambiente fue virando desde la intriga sofocante de “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.” al ambiente de rave, con bola de espejo y todo, de “Sorted for E’s & Wizz”; para caer en el porno-soft sonoro de “This is Hardcore”.

“Bad Cover Version” alivió la tensión, aunque solo por un momento, porque de inmediato se puso en marcha una seguidilla de números fuertes como “Do You Remember the First Time?”, “Babies” y “Sunrise”.

Para cuando el primer bis dio inicio con “Like a Friend” y volvió a levantar temperatura con “Underwear”, Cocker lanzó juguetón: “Ya tocamos toda las canciones. ¿Cuál falta? Ah, sí…” y dio paso al estallido con “Common People”.

Tan enfervorizado dejó este pasaje al público que, antes de que comenzara una nueva tanda de bises, el estadio unió su voz para entonar lo que está empezando a ser un clásico en los recitales: “El que no salta, votó a Milei”.

Foto Fernando Gens
Foto: Fernando Gens

“¿Podemos tocar una canción nueva?”, preguntó Cocker al regresar al escenario, a sabiendas de que a esa altura, el público estaba en su bolsillo y le permitirían todo. Fue la oportunidad para mostrar “Background Noise”, su más reciente lanzamiento.

El constante viaje en el tiempo llevó a “la segunda más vieja” del repertorio, según palabras del propio líder, con “Razzmatazz” y el cierre con “Glory Days”, acompañada con imágenes de los primeros años del grupo.

Y cuando parecía que ya estaba todo dicho, el bis final volvió a elevar el termómetro con “Mis-Shapes”. Entonces sí, Pulp había dicho su última palabra, Cocker había puesto su cuerpo a cada interpretación y el público había vivido una noche que recodará por el resto de sus días.