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Marcelo de la Vega estudió a las malezas durante 36 años: Dice que son seres superiores, y que para controlarlas “hay que pensar como maleza”

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Marcelo de la Vega es un agrónomo especializado en sanidad vegetal, y una de las eminencias a nivel técnico en lo referido a las malezas.

Por definición las malezas son esas plantas que crecen a la par de los cultivos, y compiten por los recursos como luz, agua y nutrientes contra las plantas que se sembraron adrede. Las malezas no se siembran a propósito, sino que se esparcen de diferentes formas, atraviesan extensísimas distancias, y aprovechan nuevas condiciones. Y resisten. Y se adaptan. Y evolucionan.

A estas plantitas las estudia hace 36 años el tucumano de la Vega. Las estudia para controlarlas mejor, y eso lo lleva a tener que “pensar como maleza”, un concepto acuñado por uno de sus mentores hace tiempo en su provincia natal.

Para de la Vega, esas capacidades que tienen las malezas, de llegar de Estados Unidos a Argentina, de dormir durante 50 años o más, de vencer inclemencias climáticas, u otras vicisitudes, llevaron allá por mediados de los ´80 a querer estudiarlas.

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“Me entusiasmé con las malezas. Uno como ingeniero agrónomo, piensa que va a trabajar más en la parte de producción. Pero fui por las malezas”, se defiende de la Vega, ante la pregunta de Bichos de Campo sobre el porqué del entusiasmo original.

A eso agrega: “Yo considero que la maleza es un ser especial, que nadie la cuida. Nosotros cuidamos los cultivos, y sin embargo, las malezas tienen millones de años de evolución más que nosotros en la Tierra. Y esa evolución hace que sean seres especiales”.

Uno diría que una maleza sería difícil de catalogarla como ser especial, pero de la Vega argumenta: “Creo que son seres superiores, que dominaron dos espectros del universo, el espacio y el tiempo. El espacio porque se mueven malezas que estaban que nacieron en los Estados Unidos y hoy la tenemos en Argentina. Y porque dominaron el tiempo, porque tienen un proceso que es maravilloso, que el proceso de dormición, que hace que la maleza se duerma hoy y se despierte dentro de un año o cinco, dentro de 50 años, tan joven como cuando se durmió. Hay malezas que pueden dormir 90 años”.

Pero hay malas noticias para los seres superiores y especiales, porque generan un problema para la producción agropecuaria: la competencia contra los cultivos, y le necesidad de exterminarla dentro de los lotes.

De la Vega se desempeña hace años como uno de los técnicos agrónomos que realiza las pruebas a campo previo a la salida al mercado de un herbicida. Es decir, carga las armas contra las malezas.

“Hubo un gran entomólogo en Tucumán que era Miguel Costilla, que me decía: ¿Querés controlar las ratas? Pensá como rata. Y eso me entusiasmó y me dije que si quiero controlar la maleza, hay que pensar como maleza. Es una lucha que tenemos contra ella para evitar una disminución de rendimiento de los cultivos. Para controlar a un enemigo hay que conocerlo. Si no lo conocemos, el éxito va a ser azaroso”, reconoce el agrónomo tucumano.

Mirá la entrevista completa con Marcelo de la Vega:

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-Estás por todos lados, pero tu casa está en Tucumán

-Sí, sí, sí. Mi patria chica es Tucumán. Ahí, como buen norteño, las malezas se comportan distinto porque las malezas son muy dependientes del ambiente, los ciclos reproductivos. Todo se va a acelerar por el clima. Entonces esas temperaturas altas hacen que por ahí la producción sea mayor

-¿La actualidad dónde te ubica? ¿Trabajando como asesor?

– Yo hoy creo que soy más profesor que ingeniero agrónomo, a pesar de que tengo el placer de esta profesión maravillosa. Un día descubrí que me gustaba la docencia y gracias a Dios hoy puedo dar clases en dos universidades,  en la universidad de Tucumán y en la Universidad del Chaco Austral. Y poder formar chicos es lo que más me apasiona.

-¿Los formás en malezas?

-Malezas en maleza y en terapéutica. Terapéutica es la protección de los cultivos o el cuidado de los cultivos para ser etimológicamente más correcto. Y entonces yo veo un poco toda la sanidad y dentro de toda la sanidad lo que más me apasionó fueron las malezas. Pero si, yo soy profesor de terapéutica vegetal.

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-Uno de los aspectos importantes de tu carrera y de tu vida tiene que ver con los ensayos que muchas compañías antes de sacar un producto al mercado tienen que hacer pasar por un técnico como vos para que lo evalúe. ¿Es así?

-Está bueno hasta para para informar al público en general, que un producto plaguicida demora diez años en salir al mercado desde que se descubre el ingrediente activo con actividad biocida. Hasta salir al mercado pasan diez años.

– ¿Del laboratorio al campo pasan 10 años?

– Ese es el proceso. Y de 10 mil, 15 mil moléculas que se empiezan a probar en ese año cero, solamente una llega al mercado. Entonces, todo esto es un proceso que tiene que ser muy seguro para el ambiente, muy seguro para la persona. A veces yo creo que se habla muy al pasar de los agroquímicos como si fuese algo malo, que nos protegen a los cultivos. Y en ese proceso de diez años donde se ve el aspecto toxicológico, mutagénico, teratogénico, si pueden o no ser cancerígenos, se hace toda la parte toxicológica. El último eslabón de esa cadena de los diez años es el proceso a campo donde se debe probar la eficacia del producto. Eficacia y que no deje residuos tóxicos para la persona que consuma.

Y ese proceso en nuestro país que lo regula SENASA tiene que ser en tres localidades diferentes, en tres regiones agroecológicas y tiene que ser durante tres años.

-Con diferentes ambientes para evaluar el comportamiento en cada uno de ellos.

-Claro, porque el plaguicida tiene un comportamiento ambiental, es decir, el ambiente lo afecta en cuanto a la temperatura, en cuanto a los microorganismos que lo van a degradar, que lo van a destruir, para tratar de llevar a un producto que no existe más en la naturaleza. Productos que son muy longevos terminan muriendo, es decir, productos que son muy residuales salen del mercado o actualmente ya no pueden entrar al mercado.

Y en ese proceso uno ve la eficacia, ve la toxicidad. Por ejemplo, en el caso de los herbicidas, se lo comprueba durante tres años y con toda esta información que va recabando la empresa, se obtiene el registro. La patente se la obtiene cuando la empresa determina que una sustancia química tiene una activa biocida y esa es la patente.

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-¿Imagino que en estos 36 años de pasión por la investigación, por las malezas, el conocimiento y la enseñanza, el conocimiento tuyo y la enseñanza para abajo, a las nuevas generaciones, no termina nunca por esto que decías, ¿no? De que todo el tiempo va mutando y todo el tiempo hay material nuevo para investigar…

– Eso es lo lindo, decir que todos los días aprendemos, todos los días nos tenemos que levantar en una carrera que el único competidor somos nosotros mismos, nosotros. Uno tiene que entender que en la vida no compite contra nadie, sino contra nosotros mismos. Cada día tenemos que saber un poquito más, cada día tenemos que levantarnos con ganas de aprender un poco más. Yo hago ensayos hace muchísimos años, ensayos de plaguicidas, de herbicidas fundamentalmente, y entonces lo que me va enseñando cada ensayo es increíble, porque no lo leí en un libro, vi cómo se comporta en el ambiente.

-¿Vos sos el que escribe o el que escribiría los libros?

-Yo escribo poco, pero trato de escribirles esto en la cabeza, ya sea del estudiante al que tengo que dar la clase, o al técnico que está en el campo, o al productor que está en el campo, porque también hacemos mucha extensión. Una de las labores de la universidad, además de la docencia, es la investigación en la extensión. Es decir, que nosotros tenemos que transmitir todo esto que vemos en el campo a una persona que se dedica a un montón de aspectos productivos, donde interviene la fertilización, intervienen las variedades, distanciamiento de siembra, manejo de suelo y donde yo aporto hay solo un botón que sería el manejo de malezas.

– En esta pasión y tantos años dedicados a este entusiasmo con las malezas, ¿cómo ves a las nuevas generaciones? ¿Ves que está ese entusiasmo por conocer e investigar?

– Yo creo que siempre el entusiasmo está. Lo que a veces tenemos que hacer un mea culpa nosotros, que no logramos entusiasmar a las nuevas generaciones. A veces tratamos de limpiar culpas diciendo no, las nuevas generaciones buscan que sea todo rápido. Y cuando uno da clase y le ve la cara a los chicos, uno ve la emoción de del poder impregnarse de conocimiento.