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Nace el Milei pragmático: el libertario armó una coalición fuerte para intentar gobernar y contener la protesta social

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No les gusta que se los llame una nueva “alianza”, por la obvia connotación negativa que ese término adquirió desde la crisis del 2001 que terminó con Fernando de la Rúa yéndose en helicóptero de la Casa Rosada. Pero con un pragmatismo que adquirió niveles inesperados, el presidente electo, Javier Milei, dejó de lado a los teóricos anarcoliberales para conformar una coalición para gobernar, con figuras de alto voltaje –”nombres pesados”- que recorre en forma transversal a libertarios, Mauricio Macri y el PRO, los cordobeses de Schiaretti y algunos gobernadores, como los de Mendoza, San Luis, Corrientes, Jujuy, Chaco, Entre Ríos y, por supuesto, CABA (Jorge Macri).

Fue un jueves de furia, en el que arreciaron operaciones, nombres que subieron y bajaron como un rayo -el más llamativo fue el de Carolina Píparo, que se quedó sin las ANSES-, y alianzas tejidas a gran velocidad para tratar de frenar la ofensiva que el kirchnerismo viene lanzando desde el domingo mismo a las 20:30, cuando Sergio Massa “concedió” y Milei se transformó en el presidente menos esperado de este siglo.

Ya en el “festejo” del libertario ante su feligresía enloquecida se notó que algo había cambiado. Ya no era el león en frenesí subido al techo de una camioneta con motosierra en mano. Se había convertido en un intento de estadista -construido a las apuradas-, que parecía aprender minuto a minuto bajo el halo de gracia que siempre concede un triunfo por tanto margen.

“Lo peor que podríamos hacer ahora es creérnosla. Ya convencimos al 56%, ahora necesitamos gobernar a todos“, fueron los primeros ejes del breve discurso que Milei bajó a sus principales espadas: su hermana Karina, la vice Victoria Villarruel, el ministro del Interior Guillermo Francos, la canciller Diana Mondino, su asesor casi en las sombras Santiago Caputo y el joven community manager Iñaki Gutiérrez, entre otros coroneles que se pellizcaban para convencerse de lo que se había logrado.

Milei y un nuevo gobierno (diferente al imaginado)

En la madrugada del lunes nadie durmió. Se armaron tres grandes grupos que, celulares en mano y café a discreción, empezaron a construir los grandes trazos de lo que será el gobierno. Esa madrugada Milei habló, por ejemplo, con el uruguayo Lacalle Pou, quien estaba en China. Antes, Milei recibió a Macri y a Bullrich. “Lo hicimos presi, gracias”, le dijo a Macri. “Gracias por tanta grandeza”, le susurró a Pato Bullrich, mientras se daban el abrazo del alma.

Todo era euforia y emoción. Nadie lo sabía en ese momento, pero se empezaba a construir un nuevo gobierno, distinto al que se había imaginado.

Milei por ahora dejó en suspenso el proyecto dolarizador, para abrazar la propuesta de Luis Caputo

En realidad, se había comenzado a armar el domingo 22 de octubre, cuando sorpresivamente Milei perdió por casi siete puntos frente a Massa. Se inició cuando Macri armó el “pacto de Acassuso” y muchos radicales volaron por los aires. Murió ese día Juntos por el Cambio para que naciera otra opción de poder. Macri llamó a sus generales, de la política y del mundo empresarial, para armar una de las estructuras de fiscalización más importante de los 40 años de democracia.

Y dio una sucesión de entrevistas en su red comunicacional en las que llamó a votar sin fisuras a Milei, porque el gran objetivo era sacar al kirchnerismo del poder. “Si no hacemos algo van a gobernar 20 años más”, deslizó el ex presidente.

La operación de alto calibre dio resultados por encima de lo esperado -55,7% (14,47 millones de votos) a 44,30% (11,5 millones). El triunfo ya estaba, pero ahora había que armar un gobierno sólido, y estaba claro que con la novel estructura de La Libertad Avanza no alcanzaba. Se iniciaron ese mismo domingo, pero sobre todo en el encuentro del lunes por la noche, negociaciones entre Milei y Macri destinadas a dotar del volumen necesario a un gobierno para poder llevar adelante las políticas prometidas en la campaña, que parecen haber encontrado eco en vastos sectores sociales.

Lo primero que te recomiendo Javier es que no cometas el mismo error que yo. Denunciá el desquicio que te dejan desde el día uno”, le dijo Macri. Habrá que escuchar con atención el discurso de Milei ante la Asamblea Legislativa.

Les tomó menos de tres días conformar un gobierno de coalición al que no lo une tanto el amor, como el espanto a perder una segunda oportunidad de cambiar el rumbo de la Argentina hacia una salida superadora del populismo que gobernó el país casi 17 de los últimos 20 años y medio. Como aquellos políticos que se cambiaban el traje de gala por el de fajina cuando estalló la segunda guerra mundial, Macri dejó de lado los viajes por el mundo representando a la FIFA, y salió a contar porotos mano a mano con Milei.

Así, tras algunas idas y vueltas, se llegó a este jueves 23 de noviembre en el que, por primera vez, el libertario pareció lograr el objetivo de poder dar una señal de gobernabilidad posible a los mercados, al empresariado, y al mundillo político, que seguía jugando en el mercado negro de las apuestas con el temerario cálculo de “cuánto resistiría” el gobierno del libertario luego de que los piqueteros tomen las calles, que los sindicatos peronistas paralicen el país y que el kirchnerismo y la izquierda lancen otras 14 toneladas de piedras frente al Congreso.

El libertario buscó dar una señal de gobernabilidad posible a los mercados, al empresariado y al mundillo político

El rol de Caputo en el equipo de Milei

Esas apuestas, algunas malintencionadas, ingresaron en revisión cuando el pragmático Milei comenzó a anunciar que por ahora dejaba en suspenso el proyecto dolarizador, para abrazar la propuesta de Luis Caputo, el nombre que impulsaba Macri.

Caputo le presentó a Milei un plan para renegociar la enorme deuda en Letras de Liquidez (Leliqs) que tiene el Banco Central, por unos 23 billones de pesos. La idea, de la que por ahora se conocen trazos gruesos, pero incluiría un acuerdo con bancos y fondos de inversión, convenció a Milei, quien considera que si no se logra resolver el problema de las Leliqs, la hiperinflación está a la vuelta de la esquina. La solución pasaría por obtener los dólares necesarios para fortalecer el balance del BCRA y hacer así menos traumática la limpieza de ese pasivo. “Lo primero a solucionar es la bola de Leliqs”, repite el presidente electo.

Desde que se destrabó el nombramiento de Caputo -lo terminó de convencer el futuro jefe de Gabinete Nicolás Posse durante un encuentro en el Four Seasons-, los nuevos nombres claves del Gabinete se sucedieron con prisa y sin pausa, y reflejaron la nueva coalición que se está conformando, y que saldrá a la cancha el 10 de diciembre próximo.

Demian Reidel al Banco Central -no para cerrarlo sino para reducir a cero su nivel de emisión monetaria-; y Federico Sturzenegger muy probablemente a una suerte de Ministerio de Desregulación. Sturzenegger diseñó el esquema de reestructuración del Estado para reducir el gasto público.

La designación de la dupla Caputo-Reidel llevó alivio al sistema financiero, en donde las ideas dolarizadoras de Ocampo generaban nerviosismo. Milei necesitará del sistema financiero para salir de esta encrucijada.

Con nombres de peso en el Gabinete, faltaba la “frutilla del postre”. “Patricia, tenemos que salir con todo lo mejor a la cancha, demostrar que estamos todos en el mismo barco”. Fueron, palabras más, palabras menos las frases con las que Milei y Macri convencieron a Pato Bullrich de hacerse cargo de la papa caliente del Ministerio de Seguridad. La tarea estaba hecha. El equipo listo.

Quedan 16 días para que comience un partido decisivo, que permitirá saber si la Argentina tiene alguna chance de salir del pozo de oscuridad en el que permanece desde hace demasiado tiempo.