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¿Qué versión de Friedrich Hayek leyó Javier Milei?

Ene 12, 2024
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Friedrich Hayek es el nombre de uno de los economistas más importantes del siglo XX. Exponente de la Escuela Austríaca, fue discípulo de Friedrich von Wieser y de Ludwig von Mises. Es conocido principalmente por su defensa del liberalismo y por sus críticas a la economía planificada y al socialismo, el cual y como sostiene en su libro fundamental Camino de servidumbre, considera un peligro para la libertad individual que conduce al totalitarismo. Nació en 1899 en la Viena del imperio austrohúngaro y murió en 1899, en Friburgo, Alemania. En 1974, recibió el Premio Nobel de Economía.

Su obra e influencia caló hondo en la formación del presidente Milei, es uno de los teóricos económicos que má admira. El economista está considerado un liberal intransigente capaz de justificar la dictadura de Pinochet solo porque aplicó un liberalismo a ultranza. Ortodoxo en sus concepciones, estuvo enfrentadísimo con su archirrival intelectual, el británico John Maynard Keynes, mentor del New Deal con el que Estados Unidos salió de la crisis del 29. Sin embargo, hay relecturas sobre la ortodoxia de Hayek y hasta sobre su relación con John Maynard Keynes.

Acaban de publicarse en Estados Unidos, dos biografías esclarecedoras sobre su vida: Hayek: A Life, 1899-1950 de Bruce Caldwell y Hansjoerg Klausinger, primer tomo de 840 páginas publicado por la Universidad de Chicago y el otro es Liberalism’Last Man: Hayek in the Age of political Capitalism, de Vikash Yadav, de la misma editorial. Bruce Caldwell, historiador de la economía, se hizo cargo de la edición de Bartley, publicó la biografía intelectual Hayek’s Challenge (2004), y ahora ha coescrito con Klausinger el primer volumen de lo que pretende ser la biografía “definitiva”. Ambos fueron reseñados y comentados por Edward Chancellor en The New York Review.

Estos abordajes reparan especialmente en la importancia que tuvo en sus lectores el libro Camino de servidumbre. La tesis central del libro es que “socialismo” y “totalitarismo” son esencialmente lo mismo, dos ramas del colectivismo y este, a su vez, un modelo de organización incompatible con la libertad humana.

Más allá del retrato detallado y muy íntimo de la vida de Hayek, Caldwell ya había escrito anteriormente que Camino de servidumbre actúa como un test de Rorschach: las reacciones de los lectores revelan más sobre ellos mismos que sobre el libro. Camino… ha servido como Biblia para los fundamentalistas del mercado. Fue retomado por los representantes de las grandes empresas que se oponían al New Deal.

Fala, el perro de Franklin Delano Roosevelt. Foto: ReutersFala, el perro de Franklin Delano Roosevelt. Foto: Reuters

Sin embargo, subrayan Caldwell y Klausinger en ninguna parte de Camino de servidumbre Hayek ataca (ni siquiera menciona) el New Deal. Su única referencia directa a Roosevelt es una cita aprobatoria tomada de un discurso que el presidente pronunció atacando el “colectivismo” del EEUU. corporativo y pidiendo la reintroducción de un “orden competitivo democrático”. Hayek ni siquiera utiliza el término “libre mercado” en el libro. El problema, como admiten Naomi Oreskes y Erik Conway autores del libro El gran mito, es que la versión matizada (y completa) de Camino de servidumbre no llegó al pueblo estadounidense. En su lugar, Reader’s Digest publicó un resumen de veinte páginas que encontró un público masivo. Esta versión, de la que se imprimieron más de un millón de ejemplares, incluía la afirmación de que “hay que dejar que la competencia funcione sin obstáculos”. Pero estas palabras no se encuentran en el texto original. A su vez, en 1945 General Motors pagó la distribución de una versión en viñetas aún más burda dentro de la revista Look magazine. Eran 18 ilustraciones, un comic incipiente.

Folletín El camino de la servidumbre, de Friedrich Hayek.Folletín El camino de la servidumbre, de Friedrich Hayek.

En Liberalism’ Last Man: Hayek in the Age of political Capitalism, la otra biografía reseñada, Vikash Yadav, profesor de relaciones internacionales en Hobart and William Smith Colleges, sostiene que Hayek ha sido calificado erróneamente de libertario extremo y fundamentalista del mercado. Yadav señala que en las partes poco leídas de Camino de servidumbre Hayek muestra su apoyo a varias posturas progresistas, como la provisión de una renta mínima por parte del Estado, el fomento de la movilidad social, la fiscalidad y la regulación de la contaminación, y las leyes antimonopolio. La principal salvedad de Hayek es que la intervención del Estado siempre debe tratar de preservar la competencia. Políticamente, era contrario al fascismo y al comunismo, pero también al nacionalismo, al imperialismo y a los excesos democráticos del populismo. Argumentaba que el Estado-nación debía estar limitado en el interior por el Estado de derecho y en el exterior por un federalismo internacional. Apoyaba el libre comercio entre naciones (una postura que Keynes rechazó en los años treinta) y la libre circulación de personas a través de las fronteras. En resumen, Hayek era un internacionalista cuyo principio rector era la tolerancia, según la visión de Yadav.

Yadav termina su libro sosteniendo que el liberalismo hayekiano apoya las uniones económicas internacionales, los derechos humanos fundamentales, las luchas antiimperialistas, la libre circulación de la mano de obra y un marco moral para las relaciones internacionales; el liberalismo no es nacionalista, imperialista ni realista. El liberalismo no es conservador, aunque luche por conservar la libertad individual y el libre mercado, ideales que pueden alinearse con los intereses de los conservadores en un régimen capitalista liberal. El liberalismo es progresista, de principios, razonable y universal. Para concluir con las palabras de despedida de Hayek: “El principio rector de que una política de libertad para el individuo es la única política verdaderamente progresista sigue siendo tan cierto hoy como lo era en el siglo XIX”.

John Maynard Keynes trabajó sobre la teoría económica y puso al estímulo de la demanda con intervencionismo estatal en el eje de la discusión.John Maynard Keynes trabajó sobre la teoría económica y puso al estímulo de la demanda con intervencionismo estatal en el eje de la discusión.

Keynes pensaba que Hayek no había establecido una distinción suficientemente clara entre la buena y la mala planificación. Como escribió en una carta al economista austríaco: “Trata usted de persuadirnos de que en cuanto uno se mueve un milímetro de la dirección planificada se lanza necesariamente por el resbaladizo camino que le llevará a su debido tiempo al precipicio”. Esta no era la intención de Hayek, como explican Caldwell y Klausinger. En la introducción a Camino de servidumbre, Hayek declaró que no estaba argumentando que “estos desarrollos son inevitables. Si lo fueran, no tendría sentido escribir esto”. En su prefacio a la edición de 1956, aclaró su posición: “El cambio más importante que produce el control gubernamental extensivo es un cambio psicológico, una alteración en el carácter de la gente. Se trata de un proceso necesariamente lento”, que puede durar un par de generaciones.

La vida militar le dejó un corazón permanentemente débil y una audición reducida (Karl Marx, bromeó más tarde, no podía oír por el oído derecho, mientras que él era sordo del izquierdo), pero como observan Caldwell y Klausinger, en sus esfuerzos intelectuales Hayek siguió buscando el peligro.

A pesar de sus recelos, Keynes escribió a su antiguo adversario una calurosa carta de agradecimiento por el comentario positivo de un libro que Hayek le había prodigado. Durante la guerra, la London School of Economics se había trasladado a Cambridge, y Keynes consiguió que Hayek tuviera habitaciones en el King’s College. Cuenta la leyenda que los dos pasaban las noches juntos como vigilantes del aire en lo alto de los edificios del college. La eventual amistad entre estos dos grandes economistas sirve para recordar que la defensa de la democracia liberal era su causa común.