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Ridley Scott vuelve a las guerras napoleónicas

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24 de noviembre 2023 – 00:00

El film es el típico retrato inglés de Napoleón, que lo muestra como un arribista ambicioso, necio y que reprime a cañonazos a los civiles.

técnica. La fotografía de Dariusz Wolski, la dirección de arte, los dobles de riesgo, todo luce impecable.

técnica. La fotografía de Dariusz Wolski, la dirección de arte, los dobles de riesgo, todo luce impecable.

En 1977 Ridley Scott hizo su primera película, “Los duelistas”, sobre una novela breve de Joseph Conrad. Un oficialito vulgar, sanguíneo, prepotente, reta a otro de igual rango pero fino, disciplinado, profesional. Aunque ambos pertenecen al ejército napoleónico, son de origen y aspiraciones muy distintas. Su enfrentamiento seguirá a lo largo de los años de servicio, y aún después. Ninguno de los dos ha de morir, pero uno habrá de terminar como su líder, en una última imagen que es todo un símbolo de lo que fue ese ejército, su ilusión de triunfo y su castigo. Protagonistas, Keith Carradine, el oficial de cuna noble, y Harvey Keitel, el pendenciero de arrabal que quiere llevarse el mundo por delante.

Después Ridley Scott hizo “Alien”, “Blade Runner” y decenas de otros trabajos, casi todos de alto costo, gran despliegue, calidad formal y éxito mundial, pero ninguno tan hermoso como aquel de sus comienzos. Ahora, con todo el oficio y el dinero a su disposición, Scott vuelve a las guerras napoleónicas, encara una biografía del propio Bonaparte, y pierde. La suya no es una película del todo mala porque tiene equipos técnicos de primera línea. Salvo la música, inoportuna y de arreglos molestos, la fotografía de Dariusz Wolski, la dirección de arte, los dobles de riesgo, todo luce impecable. Pero el conjunto carece de nervio, es solo una sucesión de episodios ilustrando partes de una vida, y no vale decir que ésta, de 158 minutos, es una versión parcial, y que dentro de poco se verá la versión completa, de cuatro horas, que quería el director. Si no nos apasionamos por la de 158 minutos, ¿quién desespera por ver la de 240?

Tal vez, los anglosajones. Este es el típico retrato inglés de Napoleón. Un arribista ambicioso, necio, que reprime a cañonazos una manifestación de civiles, burdo para las artes amatorias, casado con una mulata de vocabulario vulgar que lo engaña, y encima un cobarde que huye del campo de batalla y deja a su paso miles y miles de viudas y huérfanos. Nada se dice de su ejemplar administración del Estado, el ascenso social de plebeyos y burgueses bajo su imperio en casi toda Europa, la difusión de la vacuna contra la viruela y otras pautas sanitarias, el impulso a los estudios científicos, o el Institut d’Egypte impulsado para la modernización de la zona y el desarrollo de la egiptología. Con este último propósito, y ya bajo el auspicio de autoridades locales, ese instituto sigue hasta nuestros días. ¿Pero era necesario entrar a sangre y fuego hasta en aquellos arenales? ¿De qué sirvieron las guerras napoleónicas? En general, ¿de qué sirven las guerras? En “Austerlitz”, Abel Gance se detiene a mostrarnos cómo queda el lugar sembrado de cadáveres después de la batalla. Es una visión franca, que obliga a pensar, y eso que él adoraba al ilustre corso. En el “Napoleón” que ahora vemos, solo se aprecian muy lindas cargas de caballería, todo muy estético. Oportunidad perdida. Y para rematarla, Joaquin Phoenix, que es muy buen actor, se pone a imitar a Marlon Brando en “Desirée” (Brando era Napoleón, Jean Simmons su prometida, y Merle Oberon la intrusa Josephine, pero esa es otra historia).

“Napoleon” (EE.UU.-GB, 2023); Dir.: R. Scott; Int.: J. Phoenix, V. Kirby, T. Rahim, R. Everett.