Listen on Online Radio Box! Fm Glaciar Fm Glaciar

FM Glaciar 105.7MHz

Estacion transmisora de radio FM de Rio Gallegos, Santa Cruz, Patagonia Argentina

Una cita con Patricio Pron: “Para mí Kafka es rosarino”

Ene 12, 2024
Comparti este articulo.

En España, cuando los taxistas escuchan hablar al escritor argentino Patricio Pron (Rosario, 1975), le preguntan si es peruano o mexicano o de Canarias. Esto nos da una idea de cómo se mueve de cualquier etiqueta que quieran imponerle con facilidad y, digamos, pereza. Narrador, ensayista y periodista nómade desde hace tiempo, sabe que todo ingresa en el laboratorio (también llamado libro y, con suerte, obra) de un escritor: “Viajas y te abres a influencias–dice al comienzo, hablando de tú–. Y esas influencias, si eres afortunado, te forman o deforman, hacen de ti algo que no era posible y se meten en tus libros, eso aparece.”

Patricio Pron: "Todo escritor crea una lengua privada en el interior de una lengua nacional".Patricio Pron: “Todo escritor crea una lengua privada en el interior de una lengua nacional”.

Estuvo 20 días en nuestro país, invitado por el programa Rosario Lee. Fue el primer invitado y su visita consistió en actividades con su obra, que incluye novelas (El comienzo de la primavera, No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles y El espíritu de mis padres sigue subiendo, esta última juega con el tono autobiográfico), cuentos (El mundo sin las personas que lo afean y arruinan y Trayéndolo todo de regreso a casa) y ensayos (El libro tachado y No, no pienses en un conejo blanco).

Se lo vió contento y honrado. ¿Profeta en su tierra? Dice que lo más importante es el encuentro entre lectores y escritores, y que, quizás, solo para eso sirve la literatura. Y agrega: “Los libros son de donde se leen. Para mí Kafka es un escritor de Rosario. Yo lo leí ahí.”

Más adelante en la charla, sumará pistas para comprender su obra: “Mi trabajo consiste en no escribir una de Pron. Nunca procuré escribir una y otra vez el mismo libro.”

Pron investigó para su nueva novela y tiene datos sobre motivos de accidentes de tránsito en el mundo: los estornudos y el llanto. También estuvo los últimos dos años leyendo sobre zorros (que aparecen al final de la historia) y ya se considera un experto: “Dentro de cinco novelas estaré escribiendo solo novelas sobre zorros para que se den cuenta de que lo único que me importan son los zorros. ¿Sabes por qué? En todas las tradiciones, los zorros son quienes unen el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Se llama función psicopómbica. Son animales muy importantes.” ¿Esta es una clave para comprender su último libro? Explica: “Las novelas funcionan como caballos de Troya: creés que está leyendo acerca de personas que viven en Manchester y en realidad estás leyendo acerca de ti mismo. “Si los libros son buenos son mejores que las personas que los escribieron, o menos tontos. Porque la literatura piensa. Y piensa incluso en oposición a quién escribe.”

El escritor cita a la novelista francesa Marguerite Duras: Escribir es averiguar qué escribiríamos si escribiésemos. Se queda pensando en esta frase y es contundente. “Eso es completamente cierto.” Desde ahí continua nuestra charla.

–¿Cómo te llevás con tu lugar de origen y el ser nacional viviendo hace tanto fuera del país?

–No creo que exista algo así como un ser nacional. En el caso de que exista, yo no lo he encontrado nunca. Me encontré con personas que vienen de Buenos Aires, de Tucumán, de Catamarca, de Rosario. Todos ellos son muy distintos. Pasé unos días en Entre Ríos visitando a mi hermana y mis sobrinos. Y me impresionó lo distinta que es la provincia, incluso a Santa Fe, que está al lado. Nunca participé de ningún tipo de delegación nacional y tiendo a desconfiar mucho de autores y autoras que pretenden representar a su país. Mucho más si ese país es tan plural y diverso como lo es Argentina. Al margen, desde luego, yo sé quién soy y sé de dónde vengo. Soy muy consciente de que en España soy considerado un autor argentino y que en Argentina soy considerado un autor ¿en español o en castellano tal vez? Por mi parte, siempre pienso en mí como un autor argentino. Y mis libros forman parte de la muy rica tradición de libros argentinos escritos fuera del país. Una tradición que empieza con el Martín Fierro, escrito en el sur de Brasil. Pienso en esos libros como una tradición muy específica. Todo lo que me importa de Argentina vino conmigo: los discos, los films, una formación, cierto sentido del humor, formas de concebir el vínculo entre las palabras y el mundo. Eso vino conmigo y está muy presente en todos mis libros. Nunca tuve la necesidad de hacer ningún gesto para parecer argentino, sería una sobreactuación.

Pron fotografiado en el Mercado de Pulgas de Buenos Aires.
Foto: Catalina Bartolomé. Pron fotografiado en el Mercado de Pulgas de Buenos Aires.
Foto: Catalina Bartolomé.

–¿Tus desplazamientos territoriales fueron formativos para crear una lengua personal?

–Todo escritor crea una lengua privada en el interior de una lengua nacional. Este es uno de los trabajos más importantes de un escritor. Quizás a lo que más debería dedicarle tiempo y energías. Algunos escritores, como Fogwill, fueron capaces de crear una lengua privada sin marcharse del país. Otros encontramos esa lengua privada, o continuamos buscándola, en otros sitios. En esos otros sitios nos vimos sometidos a influencias distintas y tonos y acentos diferentes que de alguna manera se terminan colando en los libros que escribimos. En última instancia los libros que escribo están hechos con la lengua que hablo, una lengua que es una mezcla.

Pron en junio de 2019, en Valladolid.
Foto: EFE/ R.GarcíaPron en junio de 2019, en Valladolid.
Foto: EFE/ R.García

–¿La novela con la que ganaste el Premio Alfaguara, Mañana tendremos otros nombres, te trajo hasta esta historia?

–Cuando se estableció una especie de consenso, al menos entre los críticos y algunos lectores, de que yo era bueno para abordar algunos hechos trágicos del pasado reciente, decidí dedicarme al presente. Que por otra parte es el tiempo del que es más difícil escribir porque tenemos escasa claridad. Mañana tendremos otros nombres surgió de ese deseo de probarme a mí mismo que yo era capaz de escribir algo muy difícil de abordar, como es la experiencia amorosa en la contemporaneidad. Mis libros surgen a menudo de dos estímulos: imágenes que se me imponen y apuestas que hago contra mí mismo.

–¿Cuál era la apuesta detrás de “La naturaleza secreta de las cosas de este mundo”?

–Consistió en que yo no iba a ser capaz del modo en que la desaparición de alguien a quien amamos nos expone al teatro de su aparición continuada en el tiempo. Quien desaparece comienza a aparecérsenos en cada uno de los lugares que ha frecuentado, en las cosas que dejó tras de sí. La desaparición que puede constituir para algunos el final de una historia, para otros es el comienzo. Lo que conecta bien con mi impresión de que una época de finales como la actual, decenas de cosas parecen estar terminando, tal vez final sea el nombre que demos a una forma específica de empezar de nuevo. Acá tenía la imagen de una mujer joven que se acerca con su coche a una ciudad y no lo sabe pero va a tener un accidente que quizás le cueste la vida o quizás no. Y el accidente tendrá que ver con recordar algo que no sabía que recordaba acerca de su vida y otras personas. No sabía nada más que eso. Y me puse a escribir para intentar descubrir. Ahí surgió la primera parte. Y luego necesité escribir la segunda parte.

Patricio Pron. Foto: Constanza Niscovolos.Patricio Pron. Foto: Constanza Niscovolos.

–Pareciera que tu obra es un intento por comprender momentos complejos, que pueden ser históricos o ficcionales. ¿En tu caso la literatura tiene alguna utilidad?

–Me formé como crítico literario y es parte de lo que hago. De modo que recibí un entrenamiento específico para pensar la literatura. Mis libros tienen una dimensión ensayística, que emborrona deliberadamente los límites de la tarea de la ficción y de la no ficción. Del mismo modo que los límites entre lectura y escritura también aparecen emborronadas. Tengo ideas sobre la literatura que a menudo son contradictorias, o resultado de estímulos específicos. En ocasiones dependen mucho del momento y la circunstancia. Pero no tengo ningún eslogan y procuro no tenerlo. Procuro no aleccionar. Desconfío profundamente de los escritores que escriben consejos o decálogos o que pueden subsumir los libros que escriben a algo parecido a una consigna. De todas maneras, lo que subyace a mis libros es una idea nunca del todo formulada de que la literatura y el arte en general serían lo que produce sentido en un mundo que carece de él. También está el tiempo que se nos hace incomprensible y aparentemente solo hay dos cosas que consiguen domar el tiempo: la música y la literatura. Ambas artes secuenciales que por su condición ponen una cosa detrás de otra. Eso parece banal pero ya es postular un sentido posible. Los libros hacen eso para nosotros. Nos permiten habitar el tiempo.

La naturaleza secreta de las cosas de este mundo, de Patricio Pron.
Editorial: AnagramaLa naturaleza secreta de las cosas de este mundo, de Patricio Pron.
Editorial: Anagrama

–La actuación y la pintura aparecen como zona de investigación. Y el arte en general aparece en tus textos. ¿Se puede hablar de obsesión?

–Hablar de un arte que no practico era una apuesta contra mí mismo que me había hecho. ¿Puedo entender yo de qué manera un artista contemporáneo opera con la realidad? Era una apuesta de ese tipo. Más allá de esto, el arte contemporáneo parece estar un paso delante de la literatura en el sentido de que produce valor desde un lugar muy distinto al lugar desde el que produce valor la literatura. Sus lógicas son distintas, por eso me interesaba. Mi lógica, la forma en la que veo las cosas, tienen más que ver con el arte contemporáneo y con el arte conceptual. Y además escribí sobre artistas en general porque esos ámbitos no son muy distintos a los de la política y la sociedad. Los pleitos de esos círculos son los mismos que ocurren afuera de ese círculo. Sin embargo, hay intervención con lo que sucede en la sociedad. Y hasta a veces ofrece soluciones sobre problemas que tienen lugar fuera del ámbito artístico o literario o filosófico. Por otra parte, en la literatura hay una resistencia a la velocidad