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“Chechu” Giorgi, una joven sobre ruedas apasionada por las máquinas agrícolas, los autos de carrera y los patines

Ene 4, 2024
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“Cuando era chiquita tenía alergia todo el tiempo y me llevaron a un alergista y empecé con un tratamiento de vacunas y eso… Un día el médico le dijo a mi papá que recomendaba que no me lleven más al campo, porque el polvillo me hacía mal: ´Está loco, si nosotros vivimos de esto´, dijo mi papá… Y acá estoy, con alguna alergia cada tanto pero en el campo”.

Se llama Ana Cecilia Giorgi, pero todos, en redes sociales la conocen como “Chechu”. Nació en Monte Maíz hace 25 Años, y creció en una familia de rural. Cuando llegó el momento de estudiar se decidió por agronomía, pero después de un tiempo la dejó entre llantos. Se volvió al pago y pidió que la dejaran entrar en la empresa familiar. “Siempre va a haber un lugar para vos acá”, le dijo papá Gerardo. Y así fue, de a poco se fue incorporando, aprendiendo, haciendo. Hace un tiempo retomó los estudios y en eso anda.

Además de tener campo en la zona de Monte Maíz, y con muchos años de agricultura en el lomo, se animaron a la ganadería. Y allá fue “Chechu” que es la encargada de los animales en San Luis.

Pero en el capítulo de El Podcast de tu vida (Nro. 86) que salió hace unas semanas, Cecilia habla de otras pasiones más allá del campo. A saber: patín artístico (hizo desde pequeña hasta hace unos años), zumba (es instructora), carreras de autos (tiene un karting y su familia es muy fierrera, con una “linda” rivalidad entre sus abuelos) y cerámica (empezó este año, “para bajar un poco decibeles”).

“Me gusta hacer paella… que no, no es una comida argentina, pero me sale muy bien, igual que los tacos o fajitas… podría comer todos los días”, contó cuando le pregunté sobre cómo se le daba con la cocina. Ojo, también prende el fuego y hace asados, aunque “mi hermano siempre me critica cuando lo hago yo”. Se ríe.

Pasen y lean…

-Venís de una familia rural. A los pocos meses de vida ya empezaron a llevarte al campo. ¿Hay algo, algún hito o situación que te acuerdes de ese momento de pibita que creas que te haya marcado para la elección que hiciste hoy de estar en el campo, laburando con la familia?

-No sé, hay algo que nunca cuento y es un buen momento para hacerlo. Cuando tenía 8-10 años tenía alergia, me llevaron a un alergista, me empezaron a hacer un tratamiento con vacunas que me pinchaban el brazo todas las semanas y le habían dicho a mi papá que no iba a poder ir más al campo, que el polvillo me hacía mal. Mi papá lo miró al médico y le dijo: “¿Vos te pensás que esta no va a ir más al campo? Vivimos de esto”. Y acá estoy, viva. Cada tanto con algo de estornudo pero acá, firme.

-De esa época de chiquita, ¿qué cosas te acordás?

-Lo que siempre me acuerdo es cuando era muy chiquita mi papá me llevaba en un tractor Someca, de la casa del campo a un monte a ver a la martillada. A ver si la podía encontrar. Me contaba toda una historia. Y después, estar jugando con la soja, que te queden los granos adentro de la zapatilla, esos eran momentos muy lindos. Hoy que trabajo lo vivo con otra intensidad al campo pero me quedaron aquellos recuerdos.

-¿Y alguna comida de esa época?

-Yo cuando era chica era muy delicada con la comida. No comía nada. Comía milanesa de pollo nomás y tomate. Pero sí me acuerdo de los domingos en la casa de los padres de mi papá y se acostumbraba a hacer ravioles caseros y después cordero o lechón. Una locura.

-Muy tano eso, pasta y carne

-Sí, sí. Esos ravioles, tremendos. Lechón y cordero no comía. Ahora como cordero solamente, al lechón le sigo teniendo un poco de… recelo… el olor es bastante fuerte. Y después tengo el recuerdo que mi abuelo hacía el asado y venía y me decía: “Tatita, vení”. Mojaba el pan arriba de la carne de la parrilla y me daba… ¡Qué rico!

-¿Sabés hacer asados? ¿Te gusta?

-Disfruto mucho cocinar. Si sé hacer asados aunque mi hermano diga que él los hace mejor (se ríe). El es un genio en la cocina y el asado cuando está el lo hace, pero cuando no está lo hago yo. Y empiezan las cargadas. En verano no tanto… por el calor de la parrilla.

-¿Y alguna comida especial?

-Me gusta mucho hacer paella, me sale muy bien. Y soy fanática de los tacos o las fajitas, por mí comería todos los días de la semana. De carne de vaca, de cordero, con verduras, pollo, con lo que sea.

-Te cambio de tema. Cuando uno tiene que decidir qué estudiar es difícil, porque a los 18 años uno no sabe bien qué le gusta. Vos Te fuiste, volviste, ahora estás estudiando de nuevo a distancia. Contame de tu experiencia.

-Yo hice un colegio técnico en Monte Maíz, me recibí de Técnico Electromecánico. Yo iba al campo pero también estaba entre el torno, la soldadura, aprendí carpintería, electricidad. Un montón de cosas que hasta el día de hoy me sirven… muchas que me olvidé también. Y siempre estuve entre agronomía o ingeniería mecánica. Cuando hacía una pasantía en Monte Maíz hablé con un ingeniero mecánico y me contó qué hacía y no era lo que me imaginaba. Ahí me decidí por agronomía.

-¿Y dónde estudiaste?

-Yo no quería saber nada con ir a Río Cuarto. Yo iba a ir a Villa María donde mi vida no cambiaba tanto. En ese momento hacía patín, mi profe estaba en un club allá, entonces podía seguir entrenando. Es una ciudad re linda, súper nueva, había varios amigos del secundario que se iban ahí. Pero cuando me fui a inscribir justo la carrera la habían dado de baja. Mi papá no me quería mandar a Córdoba capital y terminé en Río Cuarto donde había una sola de mis amigas. Cuando llegué no me gustaba para nada la ciudad. Era un lugar donde nosotros íbamos al médico, me habían operado ahí de las amígdalas, le tenía idea. Al final me terminó gustando, terminé haciendo handball, deporte que espero esté acá algún día porque me gustó mucho. Empecé el gimnasio, dí zumba, porque soy instructora. Me gusta muchísimo bailar y hacer deporte. Pero me costó adaptarme, me fui en 2017 y recién ponele me terminé de adaptar en 2019. Después vino la pandemia.

-¿Y después qué hiciste? Porque dejaste…

-Claro, en 2021, cuando vuelvo a Río Cuarto después de la pandemia, porque en Monte Maíz no estudiaba. Tenía 17 finales para rendir. Porque en 2020 no se tomaron finales. Entonces tenía una bola de materias, encima no entendía nada porque la cursada virtual no me había servido. Encima en ese momento se me despertó una intolerancia al gluten bastante alta por el estrés que tenía. Hablando con mi psicólogo le dije: “Todo bien con la carrera pero no quiero tener 30 años y estar acá dependiendo de mi viejo que me pase plata, a los 30 años me imagino con mi casa, mi perro, viajando, con mi plata haciendo lo que yo quiero”.

-¿Y qué te dijo?

-Tenía 15 finales que rendir. Me iba a llevar dos años rendirlos todos si me iba bien. La cuenta me daba que con viento a favor iba a recibirme a los 30. No. Esto no es para mí dije. Quería trabajar en el campo. Me bocharon en un final y me largué a llorar y le dije a mi mamá que quería dejar la carrera. Mi papá nos vino a buscar. Yo en ese panorama. Y nos volvimos a Monte Maíz. Ese fin de semana nadie hablaba del tema. Todos fingimos demencia. Hasta que mi papá me preguntó: “¿Che, cuando te vas?”. No, no me voy a volver. Ya está. Y me largué a llorar en la cocina de casa. Mi mamá “¡Gerardo, vení que la Ceci llora!”. Cuando vino mi papá le dije que sentía que no quería estudiar más pero que en el campo no tenía lugar. Y él me dijo que siempre iba a tener lugar porque la empresa era mía, que él me presionaba para que yo termine la carrera. ¡Y cuando mi papá me dijo eso me saqué tantos pesos de encima!

-¿Y cómo fue ese ingreso en la empresa? No es fácil…

-En la siembra de 2021 empecé. Al principio era la sombra de mi padre. No sabía hacer nada. Todo el día atrás de ellos. Pero después cuando empecé a aprender me daba menos miedo, iba haciendo.

-Claro, y uno va encontrando en la práctica también en qué es bueno y qué le gusta…

-Sí, cuando me mandó mi viejo a encargarme de las vacas en San Luis me di cuenta que me encantaban los animales. Pero no sabía nada. Y ahora soy la que habla con el veterinario, la que sabe cuándo se insemina, manejo la parición. Todo. Y en Monte Maíz, tengo las gallinas en el gallinero móvil, hay ovejas, chanchos… que me dan un poco de miedo.

-Contame de las gallinas. ¿Qué te motivó a empezar con el gallinero móvil?

-En el campo siempre hubo gallinas. Pero en el gallinero tradicional. Y a mí no me gustaba tanto. Yo no soy ni vegetariana ni vegana pero siempre digo que mientras el animal esté bajo mi cuidado le tengo que dar la mejor vida, más allá de que después sea alimento.

-Quiero arrancar por las pasiones. Dijiste que sos instructora de zumba. ¿Cómo es eso? ¿Cómo se estudia?

-Hice el instructorado de zumba cuando me fui a estudiar en Río Cuarto, en 2017. Y después empecé a trabajar. En ese momento no tenía ni redes sociales ni la actitud que tengo ahora para hacer cosas en público. Empecé a dar unas clases y me costaba mucho porque a mí me encantaba bailar, me armaba mis coreos, pero no tenía experiencia en pararme delante de la gente y arengar y mostrarles las coreos. ¡Ahora sí, te animo un cumpleaños de 15 si querés!

-Vos de más chica eras más tranqui…

-Era re tímida. Pero vuelvo a zumba, arranqué en un gimnasio en Río Cuarto y el profe de zumba es un crack. Y me empezó a dejar para dar algunas clases, a bailar algunos temas. Y en 2019 empecé a trabajar en un gimnasio que recién abría y fue complicado porque había poca gente. A veces daba la clase para dos personas. ¡Te juro! Una depresión.

-¿Y para cuándo zumba en Monte Maíz?

-Es complicado, porque viajo mucho. Y tengo compromisos en el campo y el campo no tiene horarios, no me puedo comprometer.

-Bueno, vamos al patín artístico. ¿Cuándo empezaste a patinar y bailar?

-Toda mi vida artística gira en torno a mi abuelo Tito, el papá de mi mamá. El locutor de alma, una voz única, era el locutor de los eventos de patín, de los carnavales, y de cuanto evento se haga en el club Deportivo Argentino, que es el que somos los de mi familia. Yo tenía 3-4 años y empecé. Era tan maricona que se tenía que quedar mi mamá en las clases… yo llego a tener un hijo así y me muero… (se ríe). Era re mamera. Y patiné hasta el año pasado.

-¿Y qué se hace en patín? ¿Hacen saltos? ¿Giros?

-Desde que empecé hasta los 9 hice patín artístico. Coreos en grupos, y eso. Argentino tiene un muy buen nivel, los shows de fin de año están buenos, no es una muestrita y nada más. Los trajes envidiados por otros clubes de la zona (se ríe). Y a los 9 años empecé a competir. Ya de grande. Competí hasta los 16-17. En el secundario era difícil. Estaba todo el día en el taller del colegio técnico y se me hacía difícil entrenar. Pero a los 18 me despedí. Te hacen hacer un baile solista. Me fui a Río Cuarto y después volví baile algunas veces más y mi último fue el festival del año pasado.

-¿Te has caído?

-Sí, estuve dos veces desgarrada. Que era mi época de competencia. Lo que tiene patín es que te caés y la dobladita de muñeca no es lo mismo a los 16 que a los 25. Te tira el ciático… no es para hacer tanto tiempo. Ahora con mis compañeras tenemos el “PAMI Team”, que vamos, charlamos, hacemos figuras, patinamos. Pero arriesgarse a caerse no, a esta altura no quiero.

-La última de patín, ¿Hay pica entre los o las que patinan con rollers y los de patín de cuatro rueditas?

-El tema es que son dos patines totalmente diferentes. A mí el roller me queda muy incómodo porque tengo el pie muy flaco y viste que las botas son gigantes. A parte, todo el mundo dice que cuando vos aprendés a patinar en rollers el otro patín no te queda tan incómodo pero cuando vos venís de las cuatro rueditas y pasás al roller te cuesta un montón. A mí se me van las rodillas para adentro. Medio raro. Un desastre.

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-Bueno, pasemos al capítulo cerámica. ¿para que te sirve? ¿Cuándo empezaste?

-Hay gente que no me ve haciendo cerámica. Yo tengo mucha energía. Pero la verdad me baja. Empecé en junio de este año. Soy nuevita. Estoy aprendiendo. pero me encanta, lo encontré como una terapia. Soy muy enérgica yo pero como es a la noche ya llego cansada. Además, imagínate que cuando llegás te dan dos kilos de masa y le tenés que dar con un palo para ablandarlo…

-Otra de tus pasiones, la que compartimos, es la de los fierros, los autos de carrera. ¿De dónde viene esa pasión por los autos de carrera?

-Vengo de dos familias, la de mi mamá y la de mi papá, los dos abuelos fierreros. Muchos domingos en el autódromo de Río Cuarto. Con la situación que uno era de Ford y el otro de Chevrolet. ¡Me hacían elegir! Eso es maltrato infantil (se ríe). Y yo, cuando era chiquita, a uno le decía que era de Chevrolet pero que no le diga nada al otro y al otro le decía que era de Ford pero que tampoco diga. Entonces estaban los dos contentos.

-¿Y tu viejo?

-Fue siempre de Chevrolet, iba a las carreras, le gustaba, pero cuando faltó su papá le perdió el interés. Dejó de llamarle la atención.

-¿Y te acordás de algún momento en el que vos dijiste “A mí me gusta esto”, más allá de verlo con tu viejo o tus abuelos?

-Cuando estaba más en el secundario te diría. A mí me gustaban los autos. Miro las carreras. Y me terminé haciendo de Chevrolet. Y de mirar yo las carreras, me acuerdo del primer campeonato de Agustín Canapino. Ese año me puse a ver todas las carreras y empecé a hinchar para Canapino y salió campeón. También era muy fanática de Matías Rossi hasta que se cambió. Me rompió el corazón adolescente.

-Dijiste como al pasar que te terminaste haciendo de Chevrolet… pero tu abuelo Tito, el locutor, el de patín, ¡Era de Ford!

-Si. Todo un tema. De mis dos abuelos al que más disfruté es a Tito justamente, porque mi otro abuelo falleció cuando tenía 13-14 años. Y eran dos personalidades totalmente distintas. El papá de mi papá era súper serio, mirábamos la carreras, le gustaba que sea de Chevrolet, me traía remeras, pero Tito era de compartir, de llevarme de acá para allá. Y, además, lo disfruté hasta hace dos años. Y nos sentábamos a ver las carreras y que gane el que gane… yo era más dura para felicitarlo cuando ganaba alguno de Ford… pero bueno… Tengo el recuerdo de la última carrera que vi con el, que fue cuando salió campeón Mariano Werner, él ya estaba enfermo, y festejé con el, porque era lo más lindo que compartíamos los dos, entre tantas cosas.

-¿Y tenes amigos dentro del Turismo Carretera? Pilotos…

-Si. Las redes sociales y el campo me acercaron a lo que hasta hace unos años veía muy lejano. Cuando era chica, ver a Agustín (Canapino) era inalcanzable. Sacarse una foto era guau. Y hoy lo conozco. No tengo esa relación de amigos, pero sí lo he conocido. Y me permitió conocer a otros tremendos pilotos como “Niki” (Nicolás) Trosset, que es sobrino de Fontana, asique también lo conozco a Fontana. Matías Canapino, el Flaco (Facundo) Ardusso. Que yo siempre le digo “A vos no te quería”. Porque cuando corrían en el Super TC 2000, yo fanática de Canapino y Chevrolet, y un compañero mío era de Renault y él me gastaba con Ardusso. Ahora me cae bien. También Germán Todino, que es muy piola, bien de campo. Es de los míos.

-¿Y le has preguntado alguna cuestión de manejo?

-No. Pasa que soy muy fanática, pero no quiero estar tomando mates, hablando de otra cosa y ser la pesada que le pregunta cosas de manejo. Les pregunto cómo viene el finde y como está el auto, pero nada más.

-Alguna vez me dijiste que tus pilotos preferidos de todas las épocas eran el multicampeón Guillermo Ortelli, que pasó por este podcast; Gurí Martínez; y Marquitos Di Palma. Tres perfiles de corredor bien distintos. ¿Con quién te gustaría haber dado unas vueltas de copiloto y por qué?

-La verdad que con los tres, porque son tres pilotos diferentes. Con el Guille por una cuestión que era ídolo de mi abuelo. Con el Gurí, porque mi otro abuelo era el Gurí. Y con Marquitos porque me encantaría hacer unos trompos… me gusta bastante la adrenalina.

-Bueno con Marquitos en el avión entonces…

-No. No. Yo toda la adrenalina pero que esté sobre la tierra. Aéreo nada.

-¿Y te gustan otras categorías o sólo TC?

-Indy ahora porque tenemos a Canapino. La Fórmula 1 también me gusta. Me gusta mucho Ferrari. Pero los horarios son raros. Que se yo. Pero me gusta en general más lo nacional. Lo otro lo veo pero no soy fanática. Lo sigo por redes sociales.

-Llegamos al “Tirando paredes” de El Podcast de tu vida y la primer pregunta es ¿Qué lugar que conozcas recomendarías o te gustaría volver?

Fui al Caribe con mis viejos. Y me encantó. Ahora lo más cerca del calor caribeño es la arena del campo de San Luis en enero (se ríe). Conozco Brasil también. Me gusta mucho ir a Mina Clavero, soy fanática de las sierras. Me gusta también Brasil, pero me complica el idioma. Si ellos no se quieren hacer entender no entendés nada.

-¿Y qué lugar te gustaría conocer?

-Europa más que Estados Unidos.

-¿La mejor bebida para un after o para salir?

-Bailys podría ser pero no para un after. Creo que un vinito con pritty o con soda. Me gusta mucho el vino con soda. O con Seven y limón.

-¿Y fernet?

-Empecé a tomar hace poco. Me caía muy mal. No me gustaba el sabor amargo de más chica. Y ahora de más grande, dije: “Cecilia, el fernet es el pase a que te incluyan”. Porque a cualquier lado que vas hay fernet… y lo empecé a probar de a poco, pero no 70-30…

-Pero vos ¿sos cordobesa? No te gusta el fernet y no tenés acento…

-(Se ríe) Pasa que yo vivo a 40 kilómetros del límite con Santa Fe. Estoy más cerca de Rosario que de Córdoba capital. Asique acá no hay acento. El acento cordobés arranca en Bel Ville, Ucacha…

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-¿Algún toc?

-Mmmm… no… no sé… bueno, siempre antes de dormirme voy a la puerta de casa y veo si está cerrada. Necesito estar completamente segura que está cerrada.

-No sé si sos de mirar series, pero si mirás y tenés alguna para recomendar…

-Soy muy de las colombianas. De las que cantan, bailan. “Café con aroma de mujer”. Amo. “Amar y vivir” también.

-No sé si tenés tatuajes… ¿Te harías?

-Me gustaría capaz hacerme uno… que se lo vi que mi prima se lo quiere hacer, que son las dos orejas de la raza de tu perro. Pero yo tengo pastor alemán, border… tengo que tatuarme todo el brazo. Pero, no creo que no me haría.

-¿Algún super poder que te gustaría tener?

-Mmmm… yo soy muy justiciera… algún superpoder para hacer justicia… Y bueno, también tele transportarme… porque viajo mucho. “Tumm”, carreras. “Fiumm”, campo.

-Si pudieses viajar en el tiempo. ¿Dónde te gustaría ir?

-Cuando era muy chica en un accidente de auto perdí a mi mejor amiga de un saque. De un momento para otro. Nunca me pude despedir. No sabía que iba a ser la última vez que la iba a ver. Me gustaría volver ahí. Y también extraño mucho los abrazos de mi abuelo. Creo que ahí también volvería.

-¿Un tema musical para cerrar la charla?

-La otra vez había elegido “A la abuela Emilia”, cantado por La Sole. Esta vez vamos un poco más arriba. Con “Asesina”, de Los Palmeras.

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