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Estacion transmisora de radio FM de Rio Gallegos, Santa Cruz, Patagonia Argentina

¿Por qué se van?

Feb 3, 2024
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Muchos miembros de mi generación tenemos hijos que han emigrado, o que piensan hacerlo. Cada vez es más común que afrontemos la década de los sesenta y los setenta años con la perspectiva de envejecer a miles de kilómetros de uno o de todos nuestros descendientes, ellos y ellas nietos o bisnietos, a su vez, de otros que también dejaron su tierra natal. Nos tocó estar en el medio, ser el eslabón estable y arraigado entre dos tandas migratorias. Es una posición extraña y dolorosa, porque fuimos testigos del alto costo que implica morir lejos y, en buena parte por eso, no quisimos repetirlo. A los nuevos viajeros, en cambio, no parece detenerlos ese temor.

Las circunstancias actuales son diferentes, por cierto. La mayor parte de los inmigrantes hacia la Argentina en el siglo XIX y el XX se fueron para no volver. Algunos lo asumieron de entrada, otros conservaron casi hasta el fin la esperanza de un retorno que nunca llegó. Se habían ido expulsados por las guerras, por la asfixia económica que fue su secuela, por la disidencia política. Vivirían las distancias geográficas sin otro paliativo que el lento tráfico de las cartas. Aun así marcharon contra todos los riesgos, porque “esas alas que llevamos en secreto, cuerpo adentro, se abren únicamente cuando nos atrevemos a caer”, dice en mi novela Solo queda saltar el personaje de Celia, que arriba a Buenos Aires desde el Finisterre gallego.

Hoy la dirección de la ola migratoria se ha invertido. Las recurrentes crisis argentinas pueden proveer una explicación, no la única. La falta de oportunidades relativas es un móvil, si bien, antes y ahora, los emigrantes no son necesariamente los más pobres. Siempre se precisaron recursos (propios o de familia) para pagar un pasaje. En cuanto al nivel educativo, el de los que parten suele ser más alto que el de sus antepasados. Llevan bajo el brazo un diploma que no siempre podrán homologar para ejercer su profesión del otro lado, en una Europa donde el “estado de bienestar” no es el de hace treinta años y donde hay otras crisis. Muchos quieren mejores remuneraciones, buscan una vida más estable, sin las oscilaciones económicas y políticas que nos caracterizan. Pero los millennials que se van pueden ser, también, nómades digitales, expertos en el trabajo a distancia, cuya casa cabe en una valija transportable de país en país. A menudo postergan los hijos, o no desean tenerlos. La exploración de la diversidad del mundo y de sus propias posibilidades, el horizonte del instante, son los objetivos inmediatos.

No sabemos cómo terminará esa aventura que no elegimos para nosotros mismos. En cualquier caso, la migración siempre ha sido uno de los grandes motores de la Historia. Al pie de las escaleras mecánicas, en el aeropuerto de Ezeiza, seguiremos agitando la mano en un gesto de adiós, como otras y otros de nuestra sangre levantaron las suyas desde lejanos puertos.